Qué es compasión

Cuando las personas escuchan la palabra compasión, suelen pensar en amabilidad o lástima. Pero su estudio científico ha encontrado que el núcleo de la compasión es fortaleza y coraje.

El estudio del registro fósil existente de nuestros antepasados más antiguos ha revelado que durante cientos de miles de años, los homínidos evolucionaron hasta convertirse en una especie que cuidaba activamente de los ancianos, los heridos y los enfermos, no sólo de los niños. Esto significa que albergaban motivos para cuidar de ellos de manera reflexiva y consciente, que es la clave de la motivación compasiva humana (Spikins, Rutherford y Needham, 2010).

La palabra “compasión” procede de la raíz latina compati, que significa “sufrir con”. Pese a ser una palabra de uso común en varias lenguas, su significado preciso es difícil de determinar y diverso en los diccionarios, y también entre la población general. Como veremos en varios espacios de este sitio, la clave de la compasión, tal como la concebimos hoy en día, no es sólo acompañar en el sufrimiento o el mero “sufrir con”, sino principalmente la motivación para aliviarlo y adquirir las habilidades para hacerlo.

La compasión también se ha vinculado a “conmiseración o lástima” en los diccionarios en español y otros idiomas. Este significado está lejos del uso que se hace de la palabra en la literatura científica actual. El estudio científico de la compasión en la actualidad, es ajeno al aspecto de cierta connotación de superioridad y desprecio al que sufre, que comportaría asociarlo a la conmiseración y la lástima. La compasión es una motivación poderosa que implica intención y no mera reacción, pero sobre todo, se da siempre entre iguales.  (Véase: Simón, 2014).

Definiciones de Compasión

Aunque el término “compasión” se utiliza cada vez más en la investigación y la práctica clínica, el debate sobre la definición está lejos de estar resuelto (Kirby, Tellegen y Steindl, 2017). En las últimas dos décadas, se han propuesto varias definiciones. Una pionera en el cultivo y estudio de la compasión es Kristin Neff, investigadora en psicología social. Ella enfoca la compasión como una forma saludable de relacionarse con uno mismo (Neff, 2003). Su trabajo se centra principalmente en la Auto-Compasión, que tendría tres componentes principales:

  • Bondad Afectuosa: Una actitud de amabilidad y entendimiento cálido hacia uno mismo como opuesto a juzgarse de forma severa o crítica cuando sufrimos, nos equivocamos o fracasamos.
  • Humanidad Compartida: Reconocer que el sufrimiento es parte de la vida y que no estamos solos en nuestro sufrimiento. Percibir las experiencias del yo como una parte más de nuestra condición humana más que como sentimientos aislados y alejados de los de los demás.
  • Mindfulness: Capacidad de observar, de permanecer en presencia de experiencias dolorosas tal como son, sin juzgarlas, sin tratar de suprimirlas, o sobreidentificarse con ellas.

Una perspectiva diferente sobre la compasión la plantean Goetz, Keltner y Simon-Thomas (2010). Conceptualizan la compasión como un estado afectivo, definiéndola como “el sentimiento que surge al presenciar el sufrimiento de otra persona, que motiva un deseo posterior de ayudar”. En esta definición, la compasión no se dirige tanto a uno mismo, como a los demás.

Otros investigadores han adoptado una perspectiva más amplia sobre la compasión, sugiriendo que es un proceso multidimensional y dinámico que implica tanto procesos afectivos como componentes cognitivos. Por ejemplo, Geshe Thupten Jinpa (2010; en Jazaieri et al., 2013), que desarrolló un entrenamiento en cultivo de compasión, destacó que la compasión incluye cuatro componentes clave:

  1. Conciencia del sufrimiento (cognitivo/empático)
  2. Preocupación empática, relacionada con la experiencia emocional que provoca el sufrimiento (componente afectivo)
  3. El deseo de ver el alivio de ese sufrimiento (intención) y
  4. La disposición a ayudar para aliviar el sufrimiento (motivación)

En una revisión unificadora de definiciones y componentes de las escalas de medida de la compasión, Clara Strauss y colaboradores (Strauss et al., 2016), delinean la compasión como un proceso que implica la activación de cinco elementos que se refieren tanto a la autocompasión como a la compasión hacia los demás:

  1. Reconocer el sufrimiento
  2. Comprender la universalidad del sufrimiento en la experiencia humana
  3. Sentir empatía por la persona que sufre conexión con su angustia (resonancia emocional)
  4. Tolerancia a los sentimientos incómodos que surgen en respuesta a la persona que sufre (por ejemplo, angustia, ira, miedo) permaneciendo en apertura y aceptación hacia ella.
  5. Motivación para actuar/ acciones para aliviar el sufrimiento. 

Modelo de Paul Gilbert

Pensamos que una definición más completa de compasión, además de incluir los aspectos afectivos y cognitivos (Jazaieri et. al , 2013, Strauss et al.,2016) también ha de incluir y desarrollar el componente conductual, y un modelo de aplicación clínica. Esto es lo que ha desarrollado Paul Gilbert (2014), fundador de la Terapia Focalizada en la Compasión (CFT). 

Gilbert (2014) contempla la compasión como una motivación y una mentalidad social de cuidarse y cuidar a los demás que puede fluir en tres direcciones: Podemos experimentar compasión por nosotros mismos, compasión por los demás o recibir compasión desde los demás hacia nosotros mismos. Define la compasión como “una sensibilidad al sufrimiento en uno mismo y en los demás, con un compromiso para tratar de aliviarlo y prevenirlo”. Un elemento central de esta definición de la compasión es la confianza en sí mismo, es decir, la capacidad de la persona de reconocer su vulnerabilidad, pero también las fortalezas y virtudes en uno mismo y los demás, para generar sentimientos de calidez, tranquilidad y seguridad en respuesta a los errores, reveses de la vida, fracasos y el dolor emocional inherente a la existencia.

Es un modelo de compasión con múltiples componentes que presenta dos mentalidades o “psicologías” diferentes de la compasión. La primera mentalidad está relacionada con la motivación y la capacidad de darse cuenta, de acercarse al sufrimiento y las dificultades de forma no enjuiciadora, ampliando la tolerancia al malestar, con una comprensión empática de las causas del sufrimiento en uno mismo y en los demás. Esta primera dimensión de la compasión incluye seis atributos (ver figura, adaptada de Gilbert, 2009):
 
  1. Preocupación por el bienestar: Motivación para ser afectuoso y sensible con uno mismo y los demás que se refleja en el cultivo de un “deseo de ayudar, cuidar, y aliviar la angustia.”
  2. Una sensibilidad a las emociones y necesidades de uno mismo y los demás con atención, apertura y aproximación a las fuentes del malestar en lugar de evitación.
  3. Simpatía: Estar abierto, capaz de conmoverse y sintonizar emocionalmente con nuestros sentimientos, sufrimiento, necesidades y las de los demás.
  4. Tolerancia al malestar: Capacidad de permitirse notar o acoger, en lugar de evitar o disociarse de sentimientos difíciles, recuerdos, o situaciones dolorosas.
  5. Una comprensión empática de cómo funciona nuestra mente, por qué sentimos lo que sentimos, cómo son nuestros pensamientos, y extender esta comprensión a los demás.
  6. Aceptar, no juzgar, no condenar, desarrollar una orientación no hostil pero tampoco condescendiente ni sumisa hacia nosotros mismos y los demás.

La segunda mentalidad de la compasión comparte con las anteriores definiciones de la compasión el tener en cuenta un enfoque de la compasión orientado a la acción, que comprende seis habilidades o competencias para emprender acciones para prevenir o aliviar el sufrimiento propio y el de los demás (véase anillo exterior de la figura):

 

Atención: Consciencia compasiva de los sesgos atencionales. Notar hacia dónde se está dirigiendo la atención al aparecer dificultades, y practicar cómo ajustarla suavemente, regresando a un espacio de seguridad. Este aspecto está directamente relacionado con la práctica de mindfulness y presencia.

Imaginación: Un aspecto clave de la imaginación es que puede producir respuestas fisiológicas similares a las experiencias “reales”. El trabajo con imágenes es esencial para el cultivo de una base segura y de la generación de un “yo compasivo” que encarna los atributos de fortaleza, coraje, calidez y confianza en uno mismo.

Pensamiento y razonamiento: Entrenamiento en cambios de perspectiva y preguntas útiles (diálogo socrático), de forma que se puedan generar pensamientos desde una visión compasiva de la experiencia y la persona. Desde la generación de una identidad compasiva fuerte y sabia, se adquiere un espacio mental para la reflexión y metacognición compasiva. Por ejemplo, un ejercicio muy utilizado en la CFT es escribir una carta compasiva a uno mismo.

Sensación: En la CFT es esencial el trabajo a nivel sensorial y del cuerpo. Aquí es importante el trabajo con el movimiento, los sentidos, la respiración, incluso la expresión facial influye. Mediante prácticas que activan el sistema nervioso parasimpático, se produce un incremento de la variabilidad de la frecuencia cardíaca, un marcador fisiológico de activación de nuestro sistema de calma (Di Bello, et al. 2020). La sintonía interpersonal e intrapersonal está asociada a estados biológicos específicos que se cultivan primariamente desde lo sensorial.

Sentimiento: Conectar emocionalmente con sentimientos de alegría, ecuanimidad, anhelo de bienestar propio y ajeno, conexión empática y resonancia interpersonal, está asociado con ajuste psicológico óptimo y una disminución drástica de psicopatología (Hoffman, Grossman y Hinton, 2011).

Conducta: Empezando siempre por el autocuidado más básico, a nivel sensorial y físico, la clave para un comportamiento compasivo es tener la fuerza y el coraje para acercarse y comprometerse con las cosas que son difíciles, no sólo con conductas de ayuda y amabilidad. Es importante distinguir la compasión genuina del comportamiento sumiso, que está asociado a buscar la aprobación de los demás o a prevenir su rechazo. Los comportamientos de compasión genuina implican elaborar (con sabiduría) las acciones y comportamientos que nos aproximan a aquello que evitamos, con el fin de la liberación del sufrimiento.

Referencias

Di Bello, M., Carnevali, L., Petrocchi, N., Thayer, J. F., Gilbert, P., y Ottaviani, C. (2020). The compassionate vagus: a meta-analysis on the connection between compassion and heart rate variability. Neuroscience & Biobehavioral Reviews, 116, 21-30.

Gilbert, P. (2009). The Compassionate Mind. London, Constable & Robinson.

Gilbert, P. (2014). The origins and nature of compassion focused therapy. British Journal of Clinical Psychology53(1), 6-41.

Goetz, J. L., Keltner, D., y Simon-Thomas, E. (2010). Compassion: an evolutionary analysis and empirical review. Psychological bulletin136(3), 351-374.

Hofmann, S.G., Grossman, P.,  y Hinton,D.E. (2011). Loving-kindness and compassion meditation: Potential for psychological interventions. Clinical Psychology Review, 31, 1126–1132.

Jazaieri, H et al., (2013). Enhancing compassion: A randomized controlled trial of a compassion cultivation training program. Journal of Happiness Studies, 14(4), 1113-1126.

Kirby, J. N., Tellegen, C. L., y Steindl, S. R. (2017). A meta-analysis of compassion-based interventions: Current state of knowledge and future directions. Behavior Therapy, 48(6), 778-792.

Neff, K. (2003). Self-compassion: an alternative conceptualization of a healthy attitude towards oneself. Self and Identity, 2, 85–101.

Simón, V. (2014). El reencuentro científico con la compasión. En A. Cebolla, et al. (Eds.), Mindfulness y Ciencia (pp. 191-225). Madrid: Alianza Editorial

Spikins, P.A., Rutherford, H.E. y Needham, A.P. (2010) From homininity to humanity: Compassion from the earliest archaics to modern humans. Journal of Archaeology, Consciousness and Culture, 3, 303–326.

Strauss, C., Lever Taylor, B., Gu, J., Kuyken, W., Baer, R., Jones, F. and Cavanagh, K. (2016) What is compassion and how can we measure it? A review of definitions and measures. Clinical Psychology Review, 47. pp. 15-27. ISSN 0272-7358

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